Editorial: Actividad física y envejecimiento saludable

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Menopause: The Journal of the North American Menopause Society

Vol. 23, No. 5, pp. 477-478

2016 by The North American Menopause Society

La falta de actividad física es un fenómeno mundial. La serie del Lancet sobre actividad física, publicada algunos días antes de los Juegos Olímpicos de Londres del año 2012, señaló que en muchos países la población inactiva excedía el 40%. Este porcentaje, que incluye Estados Unidos y a varios países europeos, aumentaba cuando se consideraban sólo a las mujeres (1). Hay una fuerte evidencia que la inactividad física tiene un impacto adverso en la salud. De hecho, la Organización Mundial de la Salud ha considerado a la inactividad física como un factor de riesgo similar a la hiperglicemia o hiperlipidemia en la pérdida de años de vida ajustados por incapacidad (2).

La actividad física, contrariamente, ha sido relacionada con varios efectos beneficiosos para la salud. Hay muchas publicaciones confirmando el impacto favorable sobre el sistema cardiovascular, metabolismo óseo, cognición y en otros órganos y sistemas (3). Más aún, los muchos beneficios de la actividad física no solo se extienden a las enfermedades, sino que también contribuyen fuertemente a un bienestar físico y mental. Los mecanismos fisiopatológicos puestos en acción por la actividad física todavía son poco comprendidos, aunque algunos datos muestran que la liberación de endorfinas, hormonas sensibilizantes a la insulina como irisina y otras podrían estar involucradas (4).

Los múltiples beneficios de la actividad física han despertado interés por su impacto en la salud de la mujer de mediana edad. La menopausia es vista como un significativo evento por la mayoría de mujeres. Hay cambios que afectan importantes aspectos, como la fertilidad, el ciclo menstrual y el metabolismo. Más aún, la drástica depleción de los estrógenos induce síntomas que pueden afectar la calidad de vida. Interesantemente, todo ello ocurre en un momento crítico por la iniciación de algunas enfermedades crónicas asociadas con el envejecimiento. Hay consenso ahora que estas enfermedades se desarrollan en forma subclínica durante muchos años, en los cuales los procesos biológicos en los distintos órganos condicionan diferentes eventos clínicos posteriores. El desarrollo de aterosclerosis en las paredes de los vasos y la perdida de la masa ósea, secundaria al aumento de la resorción, son buenos ejemplos.

Son deseables intervenciones efectivas contra este proceso de deterioro. En realidad, hay un gran grupo de medicamentos de probada eficacia contra estos mecanismos subclínicos. La disponibilidad de calculadores de riesgo, como el score de riesgo de Framingham para enfermedad coronaria (5) y el  FRAX  (6) desarrollado por la OMS para valorar el riesgo de fractura, han reducido el uso de fármacos para prevención primaria si uno sigue las guías clínicas estrictamente. Parece, por lo tanto, que deberíamos posponer las terapias hasta que la enfermedad alcance un cierto umbral en el cual los fármacos sean útiles. La terapia hormonal también es otra opción a considerar. No solo es eficaz contra los síntomas menopáusicos, sino que también preserva la masa ósea en mujeres jóvenes. El uso de terapia hormonal ha caído dramáticamente en todo el mundo. Incluso, la terapia hormonal ha perdido la indicación de prevención de enfermedades en muchos países como resultado del estudio WHI. Consecuentemente, un tremendo vació se ha producido en las estrategias de prevención de enfermedades en las mujeres de mediana edad. ¿Podría la actividad física sustituirle? ¿Es más, puede la actividad física tener alguna eficacia más allá de la prevención de enfermedades, por ejemplo, en el control de síntomas?

El artículo de Blümel y cols. en el presente número del Menopause ofrece algunas respuestas a estas preguntas. Al estudiar una población de mujeres latinoamericanas de mediana edad, los autores encontraron que el estilo de vida sedentario se asoció con obesidad, un hallazgo esperable; y, con síntomas menopáusicos severos, incluyendo insomnio y animo depresivo. Los potenciales mecanismos involucrados en esta asociación son aún especulativos. Los autores debaten, basados en hallazgos de modelos experimentales y en algunas evidencias clínicas, que durante el ejercicio ocurren cambios en los opioides y en algunos neurotransmisores, particularmente serotonina, los cuales podrían explicar el efecto de la actividad física sobre los síntomas menopáusicos.

Este artículo se añade a la literatura previa que examina el impacto de la inactividad física sobre los síntomas menopaúsicos y la calidad de vida. Las conclusiones no siempre han sido unánimes. El valor agregado del presente estudio es que los autores usaron escalas validadas y específicas para evaluar losr síntomas menopaúsicos.

El estudio de Blumel y cols (7) focaliza la atención en un particular impacto del estilo de vida sedentario. Pero hay muchos más beneficios, una gran cantidad de evidencias  pone a la actividad física como un factor clave en muchas estrategias para un envejecimiento saludable. Esto, no necesariamente requiere sesiones intensivas de ejercicios porque los logros en salud pueden obtenerse igualmente con la actividad física moderada. Por lo tanto, integrar la actividad física en la vida diaria es una opción óptima.

 

Antonio Cano, MD, PhD

Department of Pediatrics, Obstetrics and Gynecology

University of Valencia, Hospital Clínico Universitario

Valencia, Spain

 

Referencias

  1. Hallal PC, Andersen LB, Bull FC, et al. Global physical activity levels:surveillance progress, pitfalls, and prospects. Lancet 2012;21:247-257.
  2. WorldHeathOrganizationEuropeWebsite.TheEuropean health report 2012. Charting the way to well-being. http://www.euro.who.int/__data/assets/pdf_file/0004/197113/EHR2012-Eng.pdf?ua=1. Accessed January 26, 2016. Menopause, Vol. 23, No. 5, 2016 477
  3. Woodward MJ, Lu CW, Levandowski R, et al. The exercise prescription for enhancing overall health of midlife and older women. Maturitas 2015;82:65.
  4. Pedersen BK, Febbraio MA. Muscles, exercise and obesity: skeletal muscle as a secretory organ. Nat Rev Endocrinol 2012;8:457-465.
  5. National Heart, Lung, and Blood Institute Website. Risk assessment tool for estimating your 10-year risk of having a heart attack. Available at: http://cvdrisk.nhlbi.nih.gov. Accessed January 26, 2016.
  6. World Health Organization Collaborating Centre for Metabolic Bone Diseases, University of Sheffield, UK Website. FRAX WHO Fracture Risk Assessment Tool. Available at: https://www.shef.ac.uk/ FRAX/tool.jsp. Accessed January 26, 2016.
  7. Blumel JE, Fica J, Chedraui P, et al; Collaborative Group for Research of the Climacteric in Latin America. Sedentary lifestyle in middle-aged women is associated with severe menopausal symptoms and obesity Menopause 2016;23:488-493.

Traducción: Dra Soledad Vallejo

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